Carnavalización
El microrrelato constituye un texto
carnavalizado, lo cual se refleja en el uso del humor, la ironía, la sátira y
la parodia, que se presentan, sobre todo, en forma de pastiche. Esta
carnavalización supone el aspecto dialógico y polifónico en que el intertexto
(microrrelato) subvierte el orden establecido por el canon tradicional. El
texto carnavalizado se caracteriza por ser excéntrico, puesto que privilegia el
margen frente al centro canónico. Esta idea de excentricidad del texto
reivindica las minorías marginadas por la cultura oficial, presenta la otra
versión de la historia desde la periferia.
La oveja negra
Augusto Monterroso
En un lejano país existió hace
muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño
arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que
aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las
futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse
también en la escultura.
El eclipse
Augusto Monterroso
Cuando fray Bartolomé Arrazola se
sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de
Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia
topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí,
sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante,
particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto
condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el
celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado
por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo
ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que
descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían
conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas
palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea
que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo
conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse
total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para
engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo
hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente
y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un
pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de
fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los
sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de
los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una,
las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los
astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la
valiosa ayuda de Aristóteles.
LA CONCEPCIÓN ESTÉTICA DE LA
POSMODERNIDAD EN LA OBRA CUENTÍSTICA DE AUGUSTO MONTERROSO: LA OVEJA NEGRA Y
OTROS CUENTOS
TRABAJO DE GRADUACIÓN
PRESENTADO POR:
DEPAZ GONZÁLEZ, MOISÉS
ABRAHAM, junio 2007.
Sueño #117 Naufragio
Ana María Shua
¡Arriad el foque!, ordena el
capitán.
¡Arriad el foque!, repite el segundo.
¡Orzad a estribor!, grita el capitán.
¡Orzad a estribor!, repite el segundo.
¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán.
¡El bauprés!, repite el segundo.
¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán.
¡El palo de mesana!, repite el segundo.
Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.
¡Arriad el foque!, repite el segundo.
¡Orzad a estribor!, grita el capitán.
¡Orzad a estribor!, repite el segundo.
¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán.
¡El bauprés!, repite el segundo.
¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán.
¡El palo de mesana!, repite el segundo.
Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.
Diálogo amoroso
Sergio Golwarz
—Me adoro, mi vida, me adoro… A tu
lado me quiero más que nunca; no te imaginas la ternura infinita que me
inspiro.
—Yo me adoro muchísimo más… ¡con
locura!; no sabes la pasión que junto a ti siento por mí…
—No puedo, no puedo vivir sin mí…
—Ni yo sin mí…
—¡Cómo nos queremos!
—Sin que yo me ame la vida no vale
nada…
—Yo también me amo con toda mi
alma, sobre todo a tu lado…
—¡Dame una prueba de que te
quieres!
—¡Sería capaz de dar la vida por
mí!
—Eres el hombre más apasionado de
la tierra…
—Y tú la mujer más amorosa del
mundo…
—¡Cómo me quiero!
—¡Có
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