jueves, 12 de mayo de 2016

Carpeta de actividades del semestre

NOTA: DESCARGUEN PARA LA SIGUIENTE CLASE: LUNES 17 DE MAYO DE 2016,
EL CUENTO DE JESÚS GARDEA EN LA ENTRADA DE ABAJO (Los viernes de Lautaro)




Primer parcial
Lunes 18 enero
1.Línea del tiempo y diagrama de los géneros.
2.Ana Clavel, “Historia sin lobo”. Dos niveles de la historia. Reporte.
3.Lectura en voz alta.
Miercóles/Lunes 20 y 25 de enero
4.Ficha de Ana Clavel.
5.Textos impresos de Julio Cortázar (“No se culpe a nadie” y “Continuidad de los parques”).
6.Reporte de macroestructuras, ambos cuentos.
7.Lectura en voz alta fragmentos de Córtazar. Velocidad. Lista de cotejo.
Miércoles/Lunes 27 enero 3 febrero
8.Ficha de Julio Cortázar
9.Textos impresos Edgar Allan Poe (Gato negro, Corazón delator)
10.Reporte dos niveles de historia de cada cuento.
11.Textos sobre comunicación y literatura: reporte conceptos. (Deleuze, Blanchot y Chomsky).
12.Interpretación oral. Intenciones (variaciones de emoción).
Miércoles/Lunes 8 y 10 febrero.
13.Fichas Todorov y Menton. Texto: “Historia verdadera del realismo mágico, de Seymour Menton” e “Introducción a la literatura fantástica de Todorov).
14.Identificar conceptos que diferencian la lit fantástica del realismo mágico. Teórico. Reporte.
15.Historias de cronopios y de famas, de Cortázar (instrucciones). Macroestructura por cada una. Reporte.
16.Argumentar con ejemplos si estos textos pertenecen a la lit fant o realismo mágico. Reporte.
17.Interpretación oral. Reconocer las intenciones del texto y leer de acuerdo a esto (0.5%)
Miércoles/Lunes 15 y 17 febrero.
18.Ficha Boom Latinoamericano. Consulta.
19.Historias de cronopios y de famas. Reporte.
Lunes 22 febrero
20.Ficha: Jospeh Campbell (0.5%)
21.Interpretación oral: Intención, velocidad, volumen y lenguaje corporal) (1%)

Parcial 2
24 feb.
1.Literatura Victoriana y Joseph Conrad (Fichas).
2.  Primeras macroestructuras novelas postrealismo (Aura o La metamorfosis).  
3. Interpretación oral cronopios.  
28 feb.
4. Carlos Fuentes y Franz Kafka.  Fichas.
5. Realismo.  Consulta.
6. Macrosestructuras novelas postrealismo (Aura o La metamorfosis).
Mzo. 2  
7. Método de la línea de acción, “El hombre”.
Mzo. 7 
8. Ficha Juan Rulfo y aplicación línea de acción.  
Mzo. 9
9. Texto argumentativo “El hombre” a partir de la línea de acción.  
10. “Tiempo libre”, cuento de Guillermo Samperio. Línea de acción.  
Mzo. 14
11. Macroestructuras novelas postrealismo (Aura o La metamorfosis). Entrega final. 
12. Línea de acción en equipos e interpretación simbólica. Novelas postrealismo 
Mzo. 16
13. Ejercicio de Lista de enunciados, jerarquización y clasificación. Novelas posrealismo. 
Abril 4
14. Reseña novela postrealista.  
Abril 6
15. Romeo y Julieta. Identificación de Estructuras (Trama, estructura dramática de actos y escenas en forma de tabla). 
Abril 11
16. Sonetos sor Juana (Observaciones por escrito de análisis de clase).
Abril 13
17. Primeras macroestructuras segunda serie de novelas: realismos mexicanos. (La tumba, Los de abajo) 
18. Reseña Romeo y Julieta.  
Abril 19
19. Consulta M. Bajtín y conceptos.   

Parcial 3
20 feb
1.      Texto resultados de análisis Oveja Negra. Dialogismo, polifonía.
25 feb
2.      Método polifonía. Andamio cognitivo (tabla detallada de conversión de conceptos en categorías de análisis).
2 de mayo
3.      Novelas realismos mexicanos (Macroestructuras finales de La tumba y Los de abajo).


4 de mayo
4.      Reporte novelas (Método polifónico)
5.      Conclusión voces la tumba.
9 de mayo
6.      Carnavalismo. Exposición y aplicación (Oveja negra). AutoEvaluación.
7.      Carnavalismo. Exposición y aplicación (Oveja negra). Evaluación.
11 de mayo
8.      Matriz actancial. Exposición del método y aplicación a “El eclipse” (Evaluación).
9.      Matriz actancial. Exposición del método y aplicación a “El eclipse” (Autoevaluación).
17 de mayo
10.  Matriz actancial. “Los viernes de Lautaro”, de Jesús Gardea (Evaluación)
11.  Matriz actancial. “Los viernes de Lautaro”, de Jesús Gardea (Autoevalución)
18 de mayo
12.  Reporte de conclusiones de “los viernes de Lautaro” (Ejercicio de Lista de enunciados, jerarquización y clasificación).
23 de mayo
13.  Presentaciòn de reporte de lecturas finales (realismo europeo), método polifonía-carnavalizaciòn o método de la matriz actancial con conclusiones.
25 de mayo
14.  Carpeta semestral de evidencias.




Los viernes de Lautaro. Jesús Gardea.

Los viernes del Lautaro


LAUTARO LABRISA contempla al zopilote. Sin quitarle la vista, toma el miralejos. Ve primero las terrazas solares del aire. “Las terrazas –murmura– siempre serán las mismas: Puro reflejo de acá”. Conforme se va acercando al pájaro, el aire azul se oscurece. De la bolsa del pantalón, Lautaro saca un pañuelo para limpiarse el sudor de la nuca. Hacia el mediodía ya no le bastará y tendrá necesidad de su tina de porcelana, con agua del pozo. Pero no todos los veranos la tina resulta suficiente. Hay estíos particularmente infernales, de cosas al rojo vivo. Por eso es bueno observar al zopilote: detecta lo tórrido mucho antes de que aparezca. Lautaro da un paso atrás y baja el miralejos. “Tanta negrura en las plumas –se queja a su gato echado en el fondo de la tina– me asusta”. El gato al parecer no lo oye, feliz entre las paredes de la tina ornadas con pintados racimos de vid. “¡Talavera! –le grita– te estoy hablando, despierta”. El gato entonces abre los ojos de topacio y los fija en su amo. “Te decía –continúa Lautaro– que cuando enfoco al zopilote siento un miedo grande; igual que si me abrazaran los muertos”. Lautaro se guarda el pañuelo. “Por fortuna, Talavera –dice–, a ese hondón no vuelvo; he leído lo que tenía que leer. Habrá un verano benigno”. El gato se pone a cuatro patas y salta, apoyándose apenas en el borde, fuera de la tina.
                El pozo de Lautaro Labrisa tiene la boca a ras de tierra. Lautaro lo tapa con una lámina de asbesto, mantenida en su sitio por el pedrusco que obtuvo del chofer de un camión materialista. El hombre andaba perdido en los arenales, paseando nomás su montecito de piedras. Desde temprano Lautaro oyó el motor, pero no le hizo caso. Seguiría allí, sonando en el aire de la mañana, hasta que el camión entrara al último círculo de la espiral y topara con la casa del oasis. Como a las seis de la tarde, efectivamente, el camión se detuvo frente al pozo. Enfundado en un overol, de polvo dorado por el sol, el chofer dijo que se había quedado dormido al volante la noche anterior, sobre la carretera. Lautaro le extendió una vasija con agua. El chofer se bebió el agua de un trago. Lautaro, en silencio, se la volvió a llenar y un segundo antes de que terminara, le advirtió: “Esa es toda la que hay del filtro”. “Qué tan retirado estoy de la carretera”, le preguntó el chofer regresándole la vasija. “No sabría decirle –le contestó Lautaro–. Yo trabajé allá, paleando grava hace muchos años. No sabría decirle ni siquiera hacia dónde está.” El hombre lo miró incrédulo. Suspiró. “Bueno, ¿cuánto le debo por el agua?” Lautaro le señaló la caja del camión: “Una de esas piedras”, dijo.
                Lautaro Labrisa ha colocado, profundamente hincados junto al pozo, tres gruesos palos unidos por las puntas para aguantar una polea de madera. Una de sus tareas principales, cada mañana, consiste en revisar que la pole ano tenga rajaduras, que su eje metálico, vasto como canilla de pulsar, esté libre de arena. Hace girar la polea despacito. Le acaricia la canaladura lustrosa como si tuviera entre las manos el sexo de una mujer y piensa en el tiempo que lleva de prestarle servicio. Y también, ya para ir al tejaván, el alambre que amarra la polea a los palos. En el tejaván, enroscada tiene la soga con la que maniobra en el pozo. La probará cuando se halle corriendo por la canaladura de la polea, tensa, con el balde de agua en el extremo. 
                Lautaro mira de nuevo el cielo. El zopilote vuela ahora muy cerca de la línea del horizonte. Lautaro lanza un escupitajo a la sombra. “Ya se cansó el cabrón”, piensa. Luego ve la hora en el reloj. Dando la una de la tarde deberá encontrarse, sin falta, comando su baño diario.
                Lautaro Labrisa suele dormirse en el agua. Sueña entonces con mujeres .Las posee mientras canta. Se embriaga de tocarlas y explorarlas, y no es raro que alguna le florezca entre las manos, arrancándole exclamaciones de alegría. Sueña que le brota esperma colorida. Un espasmo gigantesco, resonante, le aviente los huesos, la piel, la saliva, contra el cielo del mundo. La explosión lo despierta. Su sexo emerge de la superficie del agua, todavía pulsátil. Lautaro oye el tic-tac del reloj que ha dejado sobre una silla. Busca al gato con los ojos. Lo llama. Pero como no le responde, vuelve su mirada al sexo y lo empuña por la raíz. Brevemente lo tiene así, luego lo suelta, y se incorpora. –“‘Talavera’, ven, vamos a comer; son pasadas las cuatro”. La comida de Lautaro es carne seca, maíz tostado, nueces y agua. A veces la acompaña con una tablilla de chocolate amargo. Lautaro no cena ni almuerza. Cree que los sueños de la tarde lo alimentan como si fuera un festín. Para probarse la verdad de esto, el día que no vienen mujeres al agua de la bañera, come doble ración, y aún por la noche, vuelve al saco del grano. Habitualmente Lautaro y el gato comen juntos; Lautaro sentado a la turca: encima de la cama.

                A las cinco de la tarde, Lautaro Labrisa y su gato van ya de camino. Lautaro va haciendo el inventario de los objetos que quedaron en el tejaván y en la casa. Se mira emparejando la puerta, en la que puso un testigo, por si alguien entrara a robarlo. Otro tanto hizo con el pozo. Pero mientras sube y baja por las dunas y mira, su alma disuelva en profunda paz, la inmensidad que lo rodea, se mofa de sus propias medidas de seguridad, de la contabilidad de sus tristes prendas. Cinco años tiene dejando la casa sola una vez por semana y nunca se le ha perdido nada. Quizá de lo único que debía cuidarse es de los hombres que lo aprovisionan; pero ellos vienen sólo los sábados. Los invita a pasar para que descanses tumbándose en la cama, en las sillas. Ellos se quitan los zapatos en la entrada para sacarles la arena y no se los vuelven a poner sino hasta el adiós. Son tres hombres de mediana edad. Y huelen a hierba del desierto, mil veces macerada por el sol. Transportan sus mercancías en mochilas de lona que lucen un techito protector. Él nunca ha podido averiguar de dónde proceden. Ellos le dicen, escuetos: “Venimos del otro lado de las dunas, Labrisa”. Le mienten. Pues del otro lado de las dunas o hay casas, hay un valle arenoso.

Minificciones Polifonía y carnavalización

Carnavalización
El microrrelato constituye un texto carnavalizado, lo cual se refleja en el uso del humor, la ironía, la sátira y la parodia, que se presentan, sobre todo, en forma de pastiche. Esta carnavalización supone el aspecto dialógico y polifónico en que el intertexto (microrrelato) subvierte el orden establecido por el canon tradicional. El texto carnavalizado se caracteriza por ser excéntrico, puesto que privilegia el margen frente al centro canónico. Esta idea de excentricidad del texto reivindica las minorías marginadas por la cultura oficial, presenta la otra versión de la historia desde la periferia.























La oveja negra
Augusto Monterroso
En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.


























El eclipse
Augusto Monterroso
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.


LA CONCEPCIÓN ESTÉTICA DE LA POSMODERNIDAD EN LA OBRA CUENTÍSTICA DE AUGUSTO MONTERROSO: LA OVEJA NEGRA Y OTROS CUENTOS

TRABAJO DE GRADUACIÓN PRESENTADO POR:
DEPAZ GONZÁLEZ, MOISÉS ABRAHAM, junio 2007.



Sueño #117 Naufragio
Ana María Shua

¡Arriad el foque!, ordena el capitán.
¡Arriad el foque!, repite el segundo.
¡Orzad a estribor!, grita el capitán.
¡Orzad a estribor!, repite el segundo.
¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán.
¡El bauprés!, repite el segundo.
¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán.
¡El palo de mesana!, repite el segundo.

Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.




















Diálogo amoroso
Sergio Golwarz

—Me adoro, mi vida, me adoro… A tu lado me quiero más que nunca; no te imaginas la ternura infinita que me inspiro.
—Yo me adoro muchísimo más… ¡con locura!; no sabes la pasión que junto a ti siento por mí…
—No puedo, no puedo vivir sin mí…
—Ni yo sin mí…
—¡Cómo nos queremos!
—Sin que yo me ame la vida no vale nada…
—Yo también me amo con toda mi alma, sobre todo a tu lado…
—¡Dame una prueba de que te quieres!
—¡Sería capaz de dar la vida por mí!
—Eres el hombre más apasionado de la tierra…
—Y tú la mujer más amorosa del mundo…
—¡Cómo me quiero!
—¡Có