jueves, 12 de mayo de 2016

Carpeta de actividades del semestre

NOTA: DESCARGUEN PARA LA SIGUIENTE CLASE: LUNES 17 DE MAYO DE 2016,
EL CUENTO DE JESÚS GARDEA EN LA ENTRADA DE ABAJO (Los viernes de Lautaro)




Primer parcial
Lunes 18 enero
1.Línea del tiempo y diagrama de los géneros.
2.Ana Clavel, “Historia sin lobo”. Dos niveles de la historia. Reporte.
3.Lectura en voz alta.
Miercóles/Lunes 20 y 25 de enero
4.Ficha de Ana Clavel.
5.Textos impresos de Julio Cortázar (“No se culpe a nadie” y “Continuidad de los parques”).
6.Reporte de macroestructuras, ambos cuentos.
7.Lectura en voz alta fragmentos de Córtazar. Velocidad. Lista de cotejo.
Miércoles/Lunes 27 enero 3 febrero
8.Ficha de Julio Cortázar
9.Textos impresos Edgar Allan Poe (Gato negro, Corazón delator)
10.Reporte dos niveles de historia de cada cuento.
11.Textos sobre comunicación y literatura: reporte conceptos. (Deleuze, Blanchot y Chomsky).
12.Interpretación oral. Intenciones (variaciones de emoción).
Miércoles/Lunes 8 y 10 febrero.
13.Fichas Todorov y Menton. Texto: “Historia verdadera del realismo mágico, de Seymour Menton” e “Introducción a la literatura fantástica de Todorov).
14.Identificar conceptos que diferencian la lit fantástica del realismo mágico. Teórico. Reporte.
15.Historias de cronopios y de famas, de Cortázar (instrucciones). Macroestructura por cada una. Reporte.
16.Argumentar con ejemplos si estos textos pertenecen a la lit fant o realismo mágico. Reporte.
17.Interpretación oral. Reconocer las intenciones del texto y leer de acuerdo a esto (0.5%)
Miércoles/Lunes 15 y 17 febrero.
18.Ficha Boom Latinoamericano. Consulta.
19.Historias de cronopios y de famas. Reporte.
Lunes 22 febrero
20.Ficha: Jospeh Campbell (0.5%)
21.Interpretación oral: Intención, velocidad, volumen y lenguaje corporal) (1%)

Parcial 2
24 feb.
1.Literatura Victoriana y Joseph Conrad (Fichas).
2.  Primeras macroestructuras novelas postrealismo (Aura o La metamorfosis).  
3. Interpretación oral cronopios.  
28 feb.
4. Carlos Fuentes y Franz Kafka.  Fichas.
5. Realismo.  Consulta.
6. Macrosestructuras novelas postrealismo (Aura o La metamorfosis).
Mzo. 2  
7. Método de la línea de acción, “El hombre”.
Mzo. 7 
8. Ficha Juan Rulfo y aplicación línea de acción.  
Mzo. 9
9. Texto argumentativo “El hombre” a partir de la línea de acción.  
10. “Tiempo libre”, cuento de Guillermo Samperio. Línea de acción.  
Mzo. 14
11. Macroestructuras novelas postrealismo (Aura o La metamorfosis). Entrega final. 
12. Línea de acción en equipos e interpretación simbólica. Novelas postrealismo 
Mzo. 16
13. Ejercicio de Lista de enunciados, jerarquización y clasificación. Novelas posrealismo. 
Abril 4
14. Reseña novela postrealista.  
Abril 6
15. Romeo y Julieta. Identificación de Estructuras (Trama, estructura dramática de actos y escenas en forma de tabla). 
Abril 11
16. Sonetos sor Juana (Observaciones por escrito de análisis de clase).
Abril 13
17. Primeras macroestructuras segunda serie de novelas: realismos mexicanos. (La tumba, Los de abajo) 
18. Reseña Romeo y Julieta.  
Abril 19
19. Consulta M. Bajtín y conceptos.   

Parcial 3
20 feb
1.      Texto resultados de análisis Oveja Negra. Dialogismo, polifonía.
25 feb
2.      Método polifonía. Andamio cognitivo (tabla detallada de conversión de conceptos en categorías de análisis).
2 de mayo
3.      Novelas realismos mexicanos (Macroestructuras finales de La tumba y Los de abajo).


4 de mayo
4.      Reporte novelas (Método polifónico)
5.      Conclusión voces la tumba.
9 de mayo
6.      Carnavalismo. Exposición y aplicación (Oveja negra). AutoEvaluación.
7.      Carnavalismo. Exposición y aplicación (Oveja negra). Evaluación.
11 de mayo
8.      Matriz actancial. Exposición del método y aplicación a “El eclipse” (Evaluación).
9.      Matriz actancial. Exposición del método y aplicación a “El eclipse” (Autoevaluación).
17 de mayo
10.  Matriz actancial. “Los viernes de Lautaro”, de Jesús Gardea (Evaluación)
11.  Matriz actancial. “Los viernes de Lautaro”, de Jesús Gardea (Autoevalución)
18 de mayo
12.  Reporte de conclusiones de “los viernes de Lautaro” (Ejercicio de Lista de enunciados, jerarquización y clasificación).
23 de mayo
13.  Presentaciòn de reporte de lecturas finales (realismo europeo), método polifonía-carnavalizaciòn o método de la matriz actancial con conclusiones.
25 de mayo
14.  Carpeta semestral de evidencias.




Los viernes de Lautaro. Jesús Gardea.

Los viernes del Lautaro


LAUTARO LABRISA contempla al zopilote. Sin quitarle la vista, toma el miralejos. Ve primero las terrazas solares del aire. “Las terrazas –murmura– siempre serán las mismas: Puro reflejo de acá”. Conforme se va acercando al pájaro, el aire azul se oscurece. De la bolsa del pantalón, Lautaro saca un pañuelo para limpiarse el sudor de la nuca. Hacia el mediodía ya no le bastará y tendrá necesidad de su tina de porcelana, con agua del pozo. Pero no todos los veranos la tina resulta suficiente. Hay estíos particularmente infernales, de cosas al rojo vivo. Por eso es bueno observar al zopilote: detecta lo tórrido mucho antes de que aparezca. Lautaro da un paso atrás y baja el miralejos. “Tanta negrura en las plumas –se queja a su gato echado en el fondo de la tina– me asusta”. El gato al parecer no lo oye, feliz entre las paredes de la tina ornadas con pintados racimos de vid. “¡Talavera! –le grita– te estoy hablando, despierta”. El gato entonces abre los ojos de topacio y los fija en su amo. “Te decía –continúa Lautaro– que cuando enfoco al zopilote siento un miedo grande; igual que si me abrazaran los muertos”. Lautaro se guarda el pañuelo. “Por fortuna, Talavera –dice–, a ese hondón no vuelvo; he leído lo que tenía que leer. Habrá un verano benigno”. El gato se pone a cuatro patas y salta, apoyándose apenas en el borde, fuera de la tina.
                El pozo de Lautaro Labrisa tiene la boca a ras de tierra. Lautaro lo tapa con una lámina de asbesto, mantenida en su sitio por el pedrusco que obtuvo del chofer de un camión materialista. El hombre andaba perdido en los arenales, paseando nomás su montecito de piedras. Desde temprano Lautaro oyó el motor, pero no le hizo caso. Seguiría allí, sonando en el aire de la mañana, hasta que el camión entrara al último círculo de la espiral y topara con la casa del oasis. Como a las seis de la tarde, efectivamente, el camión se detuvo frente al pozo. Enfundado en un overol, de polvo dorado por el sol, el chofer dijo que se había quedado dormido al volante la noche anterior, sobre la carretera. Lautaro le extendió una vasija con agua. El chofer se bebió el agua de un trago. Lautaro, en silencio, se la volvió a llenar y un segundo antes de que terminara, le advirtió: “Esa es toda la que hay del filtro”. “Qué tan retirado estoy de la carretera”, le preguntó el chofer regresándole la vasija. “No sabría decirle –le contestó Lautaro–. Yo trabajé allá, paleando grava hace muchos años. No sabría decirle ni siquiera hacia dónde está.” El hombre lo miró incrédulo. Suspiró. “Bueno, ¿cuánto le debo por el agua?” Lautaro le señaló la caja del camión: “Una de esas piedras”, dijo.
                Lautaro Labrisa ha colocado, profundamente hincados junto al pozo, tres gruesos palos unidos por las puntas para aguantar una polea de madera. Una de sus tareas principales, cada mañana, consiste en revisar que la pole ano tenga rajaduras, que su eje metálico, vasto como canilla de pulsar, esté libre de arena. Hace girar la polea despacito. Le acaricia la canaladura lustrosa como si tuviera entre las manos el sexo de una mujer y piensa en el tiempo que lleva de prestarle servicio. Y también, ya para ir al tejaván, el alambre que amarra la polea a los palos. En el tejaván, enroscada tiene la soga con la que maniobra en el pozo. La probará cuando se halle corriendo por la canaladura de la polea, tensa, con el balde de agua en el extremo. 
                Lautaro mira de nuevo el cielo. El zopilote vuela ahora muy cerca de la línea del horizonte. Lautaro lanza un escupitajo a la sombra. “Ya se cansó el cabrón”, piensa. Luego ve la hora en el reloj. Dando la una de la tarde deberá encontrarse, sin falta, comando su baño diario.
                Lautaro Labrisa suele dormirse en el agua. Sueña entonces con mujeres .Las posee mientras canta. Se embriaga de tocarlas y explorarlas, y no es raro que alguna le florezca entre las manos, arrancándole exclamaciones de alegría. Sueña que le brota esperma colorida. Un espasmo gigantesco, resonante, le aviente los huesos, la piel, la saliva, contra el cielo del mundo. La explosión lo despierta. Su sexo emerge de la superficie del agua, todavía pulsátil. Lautaro oye el tic-tac del reloj que ha dejado sobre una silla. Busca al gato con los ojos. Lo llama. Pero como no le responde, vuelve su mirada al sexo y lo empuña por la raíz. Brevemente lo tiene así, luego lo suelta, y se incorpora. –“‘Talavera’, ven, vamos a comer; son pasadas las cuatro”. La comida de Lautaro es carne seca, maíz tostado, nueces y agua. A veces la acompaña con una tablilla de chocolate amargo. Lautaro no cena ni almuerza. Cree que los sueños de la tarde lo alimentan como si fuera un festín. Para probarse la verdad de esto, el día que no vienen mujeres al agua de la bañera, come doble ración, y aún por la noche, vuelve al saco del grano. Habitualmente Lautaro y el gato comen juntos; Lautaro sentado a la turca: encima de la cama.

                A las cinco de la tarde, Lautaro Labrisa y su gato van ya de camino. Lautaro va haciendo el inventario de los objetos que quedaron en el tejaván y en la casa. Se mira emparejando la puerta, en la que puso un testigo, por si alguien entrara a robarlo. Otro tanto hizo con el pozo. Pero mientras sube y baja por las dunas y mira, su alma disuelva en profunda paz, la inmensidad que lo rodea, se mofa de sus propias medidas de seguridad, de la contabilidad de sus tristes prendas. Cinco años tiene dejando la casa sola una vez por semana y nunca se le ha perdido nada. Quizá de lo único que debía cuidarse es de los hombres que lo aprovisionan; pero ellos vienen sólo los sábados. Los invita a pasar para que descanses tumbándose en la cama, en las sillas. Ellos se quitan los zapatos en la entrada para sacarles la arena y no se los vuelven a poner sino hasta el adiós. Son tres hombres de mediana edad. Y huelen a hierba del desierto, mil veces macerada por el sol. Transportan sus mercancías en mochilas de lona que lucen un techito protector. Él nunca ha podido averiguar de dónde proceden. Ellos le dicen, escuetos: “Venimos del otro lado de las dunas, Labrisa”. Le mienten. Pues del otro lado de las dunas o hay casas, hay un valle arenoso.

Minificciones Polifonía y carnavalización

Carnavalización
El microrrelato constituye un texto carnavalizado, lo cual se refleja en el uso del humor, la ironía, la sátira y la parodia, que se presentan, sobre todo, en forma de pastiche. Esta carnavalización supone el aspecto dialógico y polifónico en que el intertexto (microrrelato) subvierte el orden establecido por el canon tradicional. El texto carnavalizado se caracteriza por ser excéntrico, puesto que privilegia el margen frente al centro canónico. Esta idea de excentricidad del texto reivindica las minorías marginadas por la cultura oficial, presenta la otra versión de la historia desde la periferia.























La oveja negra
Augusto Monterroso
En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.


























El eclipse
Augusto Monterroso
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.


LA CONCEPCIÓN ESTÉTICA DE LA POSMODERNIDAD EN LA OBRA CUENTÍSTICA DE AUGUSTO MONTERROSO: LA OVEJA NEGRA Y OTROS CUENTOS

TRABAJO DE GRADUACIÓN PRESENTADO POR:
DEPAZ GONZÁLEZ, MOISÉS ABRAHAM, junio 2007.



Sueño #117 Naufragio
Ana María Shua

¡Arriad el foque!, ordena el capitán.
¡Arriad el foque!, repite el segundo.
¡Orzad a estribor!, grita el capitán.
¡Orzad a estribor!, repite el segundo.
¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán.
¡El bauprés!, repite el segundo.
¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán.
¡El palo de mesana!, repite el segundo.

Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.




















Diálogo amoroso
Sergio Golwarz

—Me adoro, mi vida, me adoro… A tu lado me quiero más que nunca; no te imaginas la ternura infinita que me inspiro.
—Yo me adoro muchísimo más… ¡con locura!; no sabes la pasión que junto a ti siento por mí…
—No puedo, no puedo vivir sin mí…
—Ni yo sin mí…
—¡Cómo nos queremos!
—Sin que yo me ame la vida no vale nada…
—Yo también me amo con toda mi alma, sobre todo a tu lado…
—¡Dame una prueba de que te quieres!
—¡Sería capaz de dar la vida por mí!
—Eres el hombre más apasionado de la tierra…
—Y tú la mujer más amorosa del mundo…
—¡Cómo me quiero!
—¡Có

lunes, 25 de abril de 2016

El eclipse

El eclipse
Augusto Monterroso
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

viernes, 25 de marzo de 2016

Sonetos de sor Juana

QUE CONTIENE UNA FANTASÍA CONTENTA CON AMOR DECENTE

Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.
Sor Juana Inés de la Cruz

EN QUE SATISFACE UN RECELO CON LA RETÓRICA DEL LLANTO
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones veía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;
y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía:
pues entre el llanto, que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste:
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu inquietud contraste
con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.


miércoles, 23 de marzo de 2016

Romeo y Julieta

Presentación

La obra de Romeo y Julieta narra la historia de amor surgida en el seno de dos familias enfrentadas a muerte desde hace mucho tiempo por un antiguo agravio, los Montesco y los Capuleto. Romeo, un joven perteneciente a la primera familia, y Julieta, joven doncella perteneciente a la segunda, son los protagonistas de esta historia con final trágico. Un día, cuando los Capuleto ofrecían una fiesta, acude a ésta Romeo, el cual va casi obligado por sus amigos con el fin de conocer a otra más bella que su amada Rosalinda, la cual lo tiene en un sin vivir ya que ha jurado permanecer casta toda su vida. Romeo acude disfrazado. En la fiesta conoce  a Julieta, de la cual se enamora locamente, y ella le ocurre lo mismo, fue un flechazo a primera vista. Así deciden verse a escondidas y casarse en secreto con la ayuda de Fray Lorenzo. Mercucio, un amigo de Romeo, mantiene una pelea callejera con Teobaldo, de la familia Capuleto, y primo de Julieta, quien está furioso por la presencia clandestina de Romeo en la fiesta. Cuando la pelea había alcanzado su punto más caliente, aparece Romeo, quien acaba dando muerte al primo de su amada. El príncipe de Verona, ciudad donde se desarrolla mayormente toda la obra, decide como castigo para el "asesino" el destierro, así pues, Romeo se marcha a Mantua, aconsejado por Fray Lorenzo, cuando hacía aún poco tiempo que se había unido en matrimonio con Julieta, y, tras despedirse de ésta, parte a su destino. Por otro lado, los Capuleto, padres de Julieta, que desconocían el matrimonio secreto, pretenden casarla con el conde París. Fray Lorenzo, como consejo, le dice que acepte ese casamiento, pero le da una poción, la cual debe tomarse la noche antes a la boda. Esta poción la dejará como muerta durante 42 horas, periodo de tiempo en el que el fraile se encargaría de avisar a Romeo de la falsa muerte de su esposa, para que en el tiempo en el que despertará, viniera a buscarla y la llevase con él a Mantua. Sin embargo, a Fray Juan, encargado de llevar el mensaje a Romeo, le es impedido salir de Verona, con lo que el mensaje no llega a tiempo, bueno, ni siquiera llega. Así, a Romeo le llegan las malas noticias de boca de su criado Baltasar, por lo que decide ir a casa de un viejo boticario a comprarle con un veneno con el cual poder poner fin el también a su vida. Cuando tiene el veneno se dirige a la tumba de la que había sido su esposa, y en la cual encuentra a Paris. Éste, creyendo que Romeo va a cometer una locura con los cuerpos lo reta en lucha, y al final Paris muere a manos de Romeo. Así, ante la presencia del cuerpo de su bella amada, toma el veneno y muere al cabo de pocos segundos. A la tumba llega Fray Lorenzo al enterarse de que Romeo no ha recibido su mensaje, pero ya era demasiado tarde, pues éste yacía ya muerto en el suelo. Julieta, al despertar y ver a su amado sin vida, decide suicidarse empleando la daga de éste. Al final, cuando las dos familias se enteran del trágico hecho, deciden poner punto y final a su enemistad.

Estructura
-Planteamiento:
La obra comienza con una pequeña disputa entre Sansón y Gregorio, criados de los Capuleto, y Abraham y Baltasar, criados de la familia Montesco y después de que toda la riña haya acabado, aparece Romeo quejándose de la desventura por un amor no correspondido, el de Rosalinda. Los amigos de Romeo se enteran por casualidad de que se celebra una fiesta de máscaras en casa de los Capuleto, y obligan a Romeo a que vaya. Allí conoce a Julieta, y se enamora locamente de ella, y a ella le ocurre lo mismo, ambos sin conocer la identidad del otro. Esa noche conocen la mala noticia: los dos pertenecían a dos familias enfrentadas desde antaño. Pero aún así, no renuncian a su amor y deciden continuar esa relación, aunque fuese a escondidas, y así casarse.

-Nudo: 
Romeo, a través de su ama, manda comunicar a su querida Julieta la fecha de la boda, la cual se produce al día siguiente, siendo oficiada por Fray Lorenzo. Después de esto, una segunda disputa entre las dos familias, esta vez entre Mercurio, amigo de Romeo, y Tebaldo, primo de Julieta, ocasiona la muerte del primero a manos del segundo, y esto le proporciona a Romeo el pretexto para intervenir en la pelea y darle muerte a Tebaldo. Con este acto, Romeo es desterrado de Verona por el Príncipe Scala.

-Desenlace: 
Romeo parte hacia Mantua, donde esperará las noticias del fraile diciéndole cuando podrá volver. El señor capuleto, padre de Julieta, obliga a su hija a contraer matrimonio con el conde Paris en un periodo de pocos días. Entonces, Julieta, para no cometer una injuria a su marido, planea con la ayuda de Fray Lorenzo un plan que le permita hacer creer a la gente que ha muerto, para luego poder reunirse con su amado en Mantua. El fraile envía una carta a Romeo para que sepa de la artimaña, pero ésta no llega a su destino, y el joven esposo compra un veneno y se va a la tumba de Julieta. Una vez allí, y después de la lucha con Paris, toma el veneno y cuando Julieta despierta lo ve allí muerto. Ésta no puede soportar el dolor y acaba con su vida clavándose una daga en el pecho.

Estructura
"Romeo y "Julieta" se estructura en cinco actos:
Acto I, comprende las cinco primeras escenas. En él se introducen los personajes que luego irán apareciendo en la obra y se explica él porque de las continuas disputas entre los Capuleto y los Montesco. En este acto se ven por primera vez Romeo y Julieta.
Acto II, se estructura en cinco escenas. En éstas Romeo y Julieta se declaran su amor, y éste y el ama de Julieta hablan para poner la hora y el lugar en el que se celebrará el casamiento de Romeo y Julieta.
Acto III, se estructura en cinco escenas. Comienza con una riña donde muere Mercucio y Romeo mata al asesino de éste: Tebaldo. Julieta es obligada a casarse con Paris por su padre.
Acto IV, compuesto por otras cinco escenas. En él, Julieta obtiene el brebaje que la llevará al lecho de muerte de forma ficticia durante unas 42 horas, y la noche antes de su boda con Paris lo bebe.
Acto V, comprende tres escenas. A continuación, voy a contar lo que sucede en cada una de ellas:

-Escena primera: Romeo se entera de que su esposa ha muerto, pues no ha recibido la carta de Fray Lorenzo, y se dirige a casa de un viejo boticario para comprarle un veneno con el que poder poner fin a su vida
-Escena segunda: Fray Juan vuelve con las malas noticias de que no ha podido entregar la carta de a Romeo, por lo que Fray Lorenzo se marcha hacia la cripta para esperar a que Julieta despierte y poderla llevar a algún lugar donde nadie la encuentre ni descubra la farsa y donde pueda luego reunirse con Romeo.
-Escena tercera: Romeo llega al panteón de los Capuletos, donde encuentra a Paris, el cual, pensando que Romeo viene a cometer alguna locura con el cuerpo de Julieta lo reta en lucha, y finalmente, muere de manos de Romeo. Entonces, éste, coge el veneno que había comprado al boticario y se lo toma, muriendo al instante. Al poco rato llega fray Lorenzo y Julieta despierta, la cual, al ver la tragedia, coge la daga de su amado y decide acabar también con su vida. Las dos familias, al ver el suceso tan trágico que había causado su enemistad deciden enterrar el hacha de guerra.

Fecha de conclusión de la obra.
Los comentadores discuerdan considerablemente al querer determinar la época en que fue concluida la pieza que traducimos a continuación. Malone y Mr. Lloyd, tomando en cuenta la abundante rima usada por Shakespeare en sus primeras composiciones, rima que escaseó, si bien no hizo desaparecer del todo en las últimas, opinan que la tragedia de que tratamos debió finalizarse de 1596 a 1597; Collier y Knight, con corta diferencia, le asignan la misma fecha; Hudson fija el período de 1591 a 1595; Chalmers, la primavera de 1592, y Drake, el año de 1593. Respecto a la publicación revisada de la tragedia, casi todos convienen en creer que tuvo lugar en 1599. White sostiene que esto se llevó a cabo en 1596. Según una ingeniosa conjetura de Tyrwhitt, que ha pretendido ver en el célebre relato de la Nodriza una alusión al temblor de tierra experimentado en Londres en 1580, ROMEO Y JULIETA debió ser compuesto bajo su primitiva forma hacia el año 1591. Siendo, pues, de una casi absoluta imposibilidad resolver acerca de tan controvertido y dudoso extremo, nos limitamos a citar los precedentes anteriores, observando que, a ser ciertos los cálculos de Tyrwhitt, entre la composición primera de ROMEO Y JULIETA y su revisión se pasaron cerca de ocho años, durante los cuales dio a luz el poeta sus poemas, sus sonetos, casi todas las piezas históricas y sus dos encantadoras comedias El Mercader de Venecia y El Sueño de una noche de Verano.

PERSONAJES
ESCALA, príncipe de Verona.
PARIS, joven hidalgo deudo del príncipe.
MONTESCO, jefe de las dos casas rivales.
CAPULETO, jefe de las dos casas rivales.
UN ANCIANO, tío de Capuleto.
ROMEO, hijo de Montesco.
MERCUCIO, pariente del príncipe y amigo de Romeo.
BENVOLIO, sobrino de Montesco y amigo de Romeo.
TEOBALDO, sobrino de Lady Capuleto.
FRAY LORENZO, de la orden de San Francisco.
FRAY JUAN, perteneciente a la misma.
BALTASAR, criado de Romeo.
SANSÓN, criado de Capuleto.
GREGORIO, criado de Capuleto.
PEDRO, criado del ama de Julieta.
ABRAHAM, criado de Montesco.
UN BOTICARIO.
TRES MÚSICOS.
EL CORO.
PAJE DE PARIS.
UN MUCHACHO.
PEDRO, servicial de la Nodriza de Julieta.
UN OFICIAL.
LADY MONTESCO, esposa de Montesco.
 LADY CAPULETO, consorte de Capuleto.
JULIETA, hija de Capuleto.
NODRIZA de Julieta.
CIUDADANOS DE VERONA.
VARIOS PARIENTES DE LAS DOS CASAS.
MÁSCARAS.
GUARDIAS.
PATRULLAS.
SIRVIENTES.

Prólogo
En la hermosa Verona, donde colocamos nuestra escena, dos familias de igual nobleza, arrastradas por antiguos odios, se entregan a nuevas turbulencias, en que la sangre patricia mancha las patricias BENVOLIO, sobrino de Montesco y amigo de Romeo. De la raza fatal de estos dos enemigos vino al mundo, con hado funesto, una pareja amante, cuya infeliz, lastimosa ruina llevara también a la tumba las disensiones de sus parientes. El terrible episodio de su fatídico amor, la persistencia del encono de sus allegados al que sólo es capaz de poner término la extinción de su descendencia, va a ser durante las siguientes dos horas el asunto de nuestra representación. Si nos prestáis atento oído, lo que falte aquí tratará de suplirlo nuestro esfuerzo.

Acto primero
Escena I

SANSÓN
Bajo mi palabra, Gregorio, no sufriremos que nos carguen.
GREGORIO
No, porque entonces seríamos cargadores.
SANSÓN
Quiero decir que si nos molestan echaremos fuera la tizona.
GREGORIO
Sí, mientras viváis echad el pescuezo fuera de la collera.
SANSÓN Yo soy ligero de manos cuando se me provoca.
(Verona. Una plaza pública.)
(Entran SANSÓN y GREGORIO, armados de espadas y broqueles.)
GREGORIO
Pero no se te provoca fácilmente a sentar la mano.
SANSÓN La vista de uno de esos perros de la casa de Montesco me transporta.
GREGORIO Trasportarse es huir, ser valiente es aguardar a pie firme: por eso es que el trasportarte tú es ponerte en salvo.
SANSÓN Un perro de la casa ésa me provocará a mantenerme en el puesto. Yo siempre tomaré la acera a todo individuo de ella, sea hombre o mujer.
GREGORIO Eso prueba que eres un débil tuno, pues a la acera se arriman los débiles.
SANSÓN
Verdad; y por eso, siendo las mujeres las más febles vasijas, se las pega siempre a la acera. Así, pues, cuando en la acera me tropiece con algún Montesco, le echo fuera, y si es mujer, la pego en ella.

(…)

(Entran el PRÍNCIPE y sus acompañantes.)

PRÍNCIPE

Súbditos rebeldes, enemigos de la paz, profanadores de ese acero que mancháis de sangre conciudadana -¿No quieren oír? ¡Eh, basta! hombres, bestias feroces que saciáis la sed de vuestra perniciosa rabia en rojos manantiales que brotan de vuestras venas, bajo pena de tortura, arrojad de las ensangrentadas manos esas inadecuadas armas y escuchad la sentencia de vuestro irritado Príncipe. Tres discordias civiles, nacidas de una vana palabra, han, por tu causa, viejo Capuleto, por la tuya, Montesco, turbado por tres veces el reposo de la ciudad [y hecho que los antiguos habitantes de Verona, despojándose de sus graves vestiduras, empuñen en sus vetustas manos las viejas partesanas enmohecidas por la paz, para reprimir vuestro inveterado rencor]. Si volvéis en lo sucesivo a perturbar el reposo de la población, vuestras cabezas serán responsables de la violada tranquilidad. Por esta vez que esos otros se retiren. Vos, Capuleto, seguidme; vos, Montesco, id esta tarde a la antigua residencia de Villafranca, ordinario asiento de nuestro Tribunal, para conocer nuestra ulterior decisión sobre el caso actual. Lo digo de nuevo, bajo pena de muerte, que todos se retiren. 
ROMEO Y JULIETA - Resumen de la obra por actos y escenas

 ACTO I Escena I En una plaza de Verona, Benvolio, primo de Romeo y Teobaldo, primo de Julieta se enfrentan en una riña de espadas luego de intentar separar a sus criados que peleaban. La pelea se agranda y llegan los padres de Romeo y los padres de Julieta. Finalmente, llega el príncipe Escalo quien dice estar harto de que la ciudad soporte las peleas entres esas dos familias, así que decreta la pena de muerte para quien inicie un nuevo conflicto. Terminado el incidente, la madre de Romeo pregunta a Benvolio por su hijo. Él le dice que lo ha visto muy solitario, alejándose de los demás En eso llega Romeo y sus padres se retiran para que Benvolio pueda sacarle su secreto. Romeo le confiesa que su tormento es estar enamorado de una muchacha muy bella y aunque su primo le dice que hay formas de olvidarla, Romeo dice que eso es imposible.
 Escena II Mientras caminan, el conde Paris pregunta a Capuleto si le dará a su hija Julieta en matrimonio. Él le responde que su hija es muy joven pero que si ella acepta por él no habrá inconveniente. Se van y por la misma calle aparecen Romeo y Benvolio que continúan la conversación de la escena anterior. En eso un criado se les acerca y le pide a Romeo que le lea la orden de su amo pues el no sabe leer. Romeo lo hace y se entera que se organizará una fiesta en casa de los Capuleto en honor a Julieta y que toda la ciudad asistirá. Él y Benvolio deciden ir, Benvolio le dice a su primo que ahí podrá conoce otras chicas pero Romeo contesta que solo irá por ver a Rosalina, que así se llama la chica que lo tiene angustiado.
Escena III Conversan la madre de Julieta, Julieta y la Niñera. La madre le dice a Julieta que ya debe pensar en matrimonio. Julieta dice que aún no ha pensado en eso y la madre le dice que ya tiene un pretendiente: el conde Paris. La Niñera se emociona ante la noticia y la madre le dice a su hija que en la fiesta que se hará esa noche Julieta podrá conocer a su pretendiente.
 Escena IV Romeo, Benvolio, primo de Romeo, y Mercucio, amigo de Romeo, se dirigen a la fiesta que organizan los Capuleto disfrazados con máscara para que no reconozcan que son de los Montesco. Mientras Benvolio y Mercucio se muestran entusiasmados con el baile, Romeo está angustiado y sin ánimos.
Escena V Romeo se fija en la belleza de Julieta (aún sin conocerla) y se olvida al instante de sus penas por Rosalina. Mientras tanto, Teobaldo, primo de Julieta, reconoce la presencia de un Montesco (Romeo) en la casa y decide matarlo; pero lo detiene su tío Capuleto, padre de Julieta y dueño de la casa. Romeo, viendo que Julieta está sola, se acerca y con galantería le besa una mano y luego le besa los labios. En eso, la Niñera dice a Julieta que su madre la llama. Romeo le pregunta a la Niñera la identidad de Julieta y queda lastimado al saber que pertenece a la familia enemiga. Terminada la fiesta, Julieta le pregunta a su Niñera la identidad del joven que la besó y se lamenta al saber que Romeo es un hombre al que ella debería odiar. --------------------------------------------
ACTO II Escena I Romeo ha quedado tan impresionado con Julieta que no puede irse sin verla de nuevo, así que logra escaparse de Benvolio y Mercucio que no logran hallarlo aunque lo buscan. Arriesgando hasta su vida, Romeo escala el muro de los Capuleto y, como ladrón, ingresa a la casa enemiga.
Escena II Julieta, que no sabe que Romeo está escondido en su jardín, sale a su balcón y confiesa su amor hablando con la luna. Romeo, que ya sabe que Julieta lo ama, sale de su escondite y le habla. Ella, avergonzada de haber sido descubierta, le dice que prefiere sufrir a que él le jure un amor que no es sincero. La Niñera interrumpe su conversación llamando a Julieta y ella, antes de despedirse de Romeo, le dice que si sus intenciones son sinceras y desea casarse enviará al día siguiente un mensajero a solicitar su respuesta.
Escena III Al amanecer, Romeo visita a Fray Lorenzo. El religioso nota que Romeo no ha dormido y le pregunta si aún sufre por Rosalina. Él contesta que ya la olvidó y que acaba de conocer el amor real. Aunque Fray Lorenzo nota la inmadurez de Romeo, acepta ayudarlo en sus intenciones de casarse con Julieta pues cabe la posibilidad de que así se terminen las riñas entre sus familias. Escena IV Mercucio le cuenta a Benvolio que Teobaldo ha desafiado a Romeo a duelo y teme pues Teobaldo es el mejor espadachín de toda la ciudad. En eso llega Romeo y se excusa de su huida diciendo que tenía algo que hacer. Entonces llega la niñera, que resuita ser el mensajero de Julieta. Romeo dice que su amor es sincero y que le diga a Julieta que Fray Lorenzo los casará esa misma tarde. Además le dice que su criado le entregará una escalera de cuerda que debe sujetar de la alcoba de Julieta para que él pueda entrar a su habitación y pasar la noche con ella. Escena
V La Niñera le cuenta a Julieta que esa tarde Fray Lorenzo la casará con Romeo y que por la noche, ayudado de una escalera de cuerda, él entrará a su habitación para pasar la noche como esposos. Julieta queda infinitamente agradecida. Escena
VI Romeo y Fray Lorenzo esperan a Julieta para iniciar la boda. Fray Lorenzo intenta calmar el ímpetu de Romeo cuando llega Julieta acompañada de la Niñera. Los novios se demuestran su amor y Fray Lorenzo se apresura en casarlos para poder dejarlos solos como marido y mujer. -------------------ACTO III Escena I Teobaldo, que busca a Romeo para batirse con él, se encuentra con Benvolio y Mercucio y discuten. Cuando están a punto de sacar sus espadas, llega Romeo y Teobaldo lo enfrenta. Sin embargo, Romeo rechaza el reto y Teobaldo lo insulta. Mercucio, que no soporta los agravios de un Capuleto se enfrenta a Teobaldo. Benvolio y Romeo intentan separarlos, pero Teobaldo aprovecha la confusión para herir a Mercucio. Teobaldo huye y Mercucio muere. Al rato regresa Teobaldo triunfante y se enfrenta a Romeo. En la lucha Teobaldo queda herido de muerte y fallece después. Benvolio le dice a Romeo que huya porque se acerca el Príncipe y los guardias y lo condenarán a muerte si lo encuentran. Romeo huye y Benvolio le cuenta lo sucedido al Príncipe. Este, dada las circunstancias, condena a Romeo al destierro y no a muerte, con la salvedad de que si regresa a Verona, cualquier ciudadano puede matarlo sin tener que enfrentarse a la justicia.
 Escena II Julieta espera con impaciencia la llegada de Romeo para consumar su matrimonio cuando llega la niñera y le anuncia la muerte de su primo Teobaldo, asesinado por su esposo Romeo, además de la orden de que sea desterrado. Julieta se abate ante la noticia, cree que Romeo es un traidor, pero la niñera le dice que sabe donde está y que irá a buscarlo.
Escena III Romeo se lamenta ante Fray Lorenzo de la pena de destierro que le ha impuesto el Príncipe; dice que prefiere la muerte porque no verá más a Julieta. Fray Lorenzo le reprocha su actitud infantil, pero Romeo es terco. En eso llega la Niñera anunciando que Julieta espera a Romeo. Este, que estaba a punto de atravesarse con su puñal, va con ella. Escena
IV Capuleto le concede la mano de Julieta al Conde Paris y acuerdan que la boda será el jueves (están a día lunes).
Escena V Amanece y los esposos Romeo y Julieta deben despedirse. Él parte para Mantua como le indicó Fray Lorenzo. Cuando Julieta queda sola, llega su madre quien le informa que ya tienen planeada la muerte de Romeo para vengar la de Teobaldo. También le dice que su padre ha decidido que el jueves deberá casarse con el Conde Paris. Ella se niega, incluso frente a su padre y este la trata con mucha dureza. Finalmente, cuando quedan solas, la Niñera le recomienda a Julieta casarse con Paris pues Romeo está desterrado y no lo verá más. Este consejo hace que Julieta reniegue de la Niñera.
ACTO IV Escena I Mientras Paris le cuenta a Fray Lorenzo que el jueves se casará con Julieta, ella lega a confesarse con el religioso. Cuando el Conde Paris los deja solos, Julieta amenaza con atravesarse con un puñal si no hay esperanzas para impedir su boda. Fray Lorenzo le da una botellita que contiene un líquido que le dará a Julieta la apariencia de un cadáver, pero solo por tres días. Cuando despierte, Fray Lorenzo la rescatará y la llevará con Romeo.
Escena II Siguiendo las indicaciones de Fray Lorenzo, Julieta pide perdón a su padre por desobedecerlo y le dice que está dispuesta a casarse con el Conde París tal como él lo ha dispuesto. Capuleto apresura los preparativos de la boda.
Escena III Julieta dice a su madre que quiere estar a solas para reflexionar sobre su nueva vida de casada. Cuando queda sola, en medio de muchas dudas y temores, bebe el líquido que el entregó Fray Lorenzo y se desvanece.
Escena IV A la mañana siguiente, todos en casa de los Capuleto están listos para la misa de bendición a los novios que dará Fray Lorenzo. Ante el retraso de Julieta, Capuleto ordena a la niñera que la apresure.
Escena V La Niñera y la Dama Capuleto encuentran el cuerpo inerte de Julieta y se lamentan con desesperación. Llega Capuleto a apresurarlas y al notar la tragedia y se une a los lamentos. Luego llegan Paris y Fray Lorenzo, el Conde se lamenta a su vez mientras que el religioso (que es el único que sabe que Julieta no está muerta en realidad) mantiene la calma y le pide entereza a la familia. -----ACTO V Escena I Romeo, en Mantua, recibe de Baltasar la noticia de la muerte de Julieta. Romeo, que no sabe que es una muerte fingida, desespera y decide volver esa misma noche a Verona. Antes de partir pasa por la vivienda de un boticario al que le compra un veneno capaz de acabar con veinte hombre. Entonces Romeo ya puede partir para morir al lado de Julieta.
Escena II Fray Juan le dice a fray Lorenzo que no pudo llevarle la carta a Romeo pues la guardia lo encerró creyendo que estaba enfermo. Fray Lorenzo, temeroso de las consecuencias le pide un azadón y se prepara para rescatar a Julieta.
Escena III Paris lleva flores al sepulcro de Julieta y se encuentra con Romeo que ha venido a descubrir la tumba. Ambos se enfrentan y Paris es herido de muerte. Asustado, el paje del conde va a llamar a la ronda. Mientras tanto, Romeo destapa el sepulcro, besa a Julieta y bebe el veneno. Minutos después llega fray Lorenzo y ve la escena macabra, justo en el momento en que Julieta despierta. El religioso intenta escapar con ella pues escucha que se acerca la ronda, pero la muchacha se desprende y queda sola. Ante el cadáver de Romeo, se apuñala en el pecho y muere. Luego llega la ronda, que capturan a Baltasar, criado de Romeo y a fray Lorenzo. A la llegada del Príncipe y los familiares, los capturados informan lo que saben y los jefes de las familias Montesco y Capuleto, avergonzados de confirmar la desgracia por culpa de su enemistad, deciden concluir las riñas y hacer sendas estatuas en honor de los jóvenes enamorados.

martes, 16 de febrero de 2016

Jack y los frijoles mágicos

Jack y los frijoles mágicos
Anónimo. Recopilado en “El libro de las hadas”, de Miss Mulock.

Traducción del inglés: F. Montesdeoca

En los tiempos del Rey Alfred, una pobre mujer viuda vivía en su cabaña a varias millas de Londres. A su único hijo, llamado Jack, lo había consentido tanto, que se volvió flojo, descuidado y caprichoso. Poco a poco él había gastado todo lo que tenían, y escasamente les quedaba algo de valor, excepto una vaca. Un día, por vez primera ella le reprochó: “¡Eres un cruel, cruel muchacho! ¡Me has llevado a la miseria. No tengo ya dinero ni para comprar siquiera un pedazo de pan; nada queda por vender más que mi pobre vaca! Me duele deshacerme de ella, pero no vamos a pasar hambre.” Jack sintió remordimiento, pero le pasaron pronto, así que luego comenzó a pedirle a su madre que lo dejara vender la vaca en el pueblo más cercano, e insistió tanto, que ella por fin estuvo de acuerdo.
Mientras Jack iba de camino se encontró a un carnicero, quien le preguntó por qué sacaba a su vaca  de casa. Jack le respondió que iba a venderla. El carnicero llevaba unos extraños frijoles en su sombrero; eran de varios colores y llamaron la atención de Jack, lo cual no pasó desapercibido para el hombre, quien, conociendo el descuidado carácter de Jack, pensó que era el momento de sacar ventaja; le preguntó cuál era el precio de la vaca, ofreciéndole al mismo tiempo todos los frijoles a cambio de ella. El tonto muchacho apenas si podía disimular su alegría por lo que suponía era una gran oferta: el trato se cerró de inmediato y la vaca entregada a cambio de unas simples semillas de frijol. Jack regresó contento a su casa y llamó a su madre aún antes de alcanzar la puerta.
Cuando ella vio los frijoles y escuchó la historia, su paciencia se agotó. Arrojó los frijoles por la ventana y lloró con amargura. Jack intentó consolarla en vano y, sin tener nada que comer todavía, ambos se fueron a dormir. Cuando Jack despertó a la mañana siguiente notó que algo fuera de lo común pasaba, pues una gran sombra oscurecía la ventana de su cuarto. Corrió escaleras abajo hacia el jardín, donde se encontró con que los frijoles habían echado raíces y crecido sorprendentemente: los tallos que se levantaban de la tierra eran inmensos y gruesos; habían crecido enroscándose entre sí hasta formar una especie de escalera en forma de cadena, y tan alta, que parecía perderse entre las nubes. Jack era un muchacho aventurero, así que decidió escalar hasta arriba. Corrió a avisarle a su madre, sin dudar que ella estaría tan entusiasmada como él; pero no fue así y le dijo que no debería ir porque le rompería el corazón verlo partir. Le rogó y lo amenazó, pero todo fue en vano. Jack salió de la casa y tras trepar algunas horas, llegó bastante cansado hasta arriba. No había ni árboles, ni arbusto, ni casa o criatura viviente alrededor.
Jack se sentó pensativo sobre una piedra y pensó en su madre; reflexionó con pesar por su desobediencia y concluyó que se iba a morir de hambre allá arriba. De todos modos, se levantó y siguió caminando con la esperanza de ver alguna casa en donde podría pedir algo de comer y beber. No encontraba nada hasta que, a lo lejos, vio a una hermosa joven que caminaba completamente sola. Iba vestida de manera elegante y llevaba una vara blanca en cuyo extremo  se encontraba un pavorreal de oro puro. Jack, que a pesar de todo era caballeroso, se dirigió a ella con amabilidad, pero antes de decir nada, ella, con una sonrisa encantadora, le preguntó que cómo había llegado ahí. Él le contó la historia de las semillas y del crecimiento portentoso de la planta, a lo cual ella correspondió con otra pregunta: “Dime muchacho, ¿acaso tú recuerdas a tu padre?”
“No, señora; pero estoy seguro que hay algún misterio sobre él porque, cuando se lo menciono a mi madre ella siempre se pone a llorar, sin contarme nada”
“No se atreve”. Contestó la dama, “pero yo sí puedo, y quiero hacerlo. Para que lo sepas, joven, yo soy un hada, y era la guardiana de tu padre; pero las hadas somos regidas por leyes, al igual que los mortales; y, por un error de mi parte perdí mis poderes por un periodo de años, de tal modo que me fue imposible ayudar a tu padre cuando él más me necesitó, y entonces murió”. Mientras contaba esto, el hada lo miraba con tal pesadumbre, que el corazón de Jack se conmovió y le rogó que continuara con su relato.
“Lo haré”, le contestó ella, “sólo que debes prometer obedecerme en todo lo que yo te digo, o de lo contrario perecerás”.
Jack era valiente, y además, su fortuna y la de su madre eran ya tan malas, que no podían ponerse peor –así que prometió obedecer al hada.
El hada entonces continuo de esta manera su historia: “Tu padre, Jack, fue el más hombre más excelente, amigable y generoso que te puedas imaginar. Tuvo una buena esposa, fieles sirvientes y riqueza; pero se topó con un falso amigo: un gigante a quien tu padre había socorrido, y que correspondió a su amabilidad dándole muerte y adueñándose de todas sus propiedades; incluso obligó a tu madre a prometer que nunca te dijera nada acerca de tu padre, pues de lo contrario los mataría a los dos. Yo no pude ayudarlos”, agregó el hada, “porque mi poder sólo regresaría el día en que vendieras tu vaca. Fui yo quien te impulsó a tomar los frijoles que germinaron y crecieron tan rápido, y yo te inspiré con el deseo de subir hasta aquí; porque es aquí donde vive ese malvado gigante. Ahora eres tú quien debe vengar su muerte y librar al mundo de este monstruo que no ha hecho más que el mal. Yo te ayudaré, y así tomarás posesión de su casa y todas sus riquezas, ya que todas ellas pertenecían a tu padre, y por lo tanto son tuyas. Por ahora adiós, y no dejes saber a tu madre de que estás enterado de la historia de tu padre; este es mi mandato, y si me desobedeces sufrirás por ellos. Ahora ve.” Jack preguntó hacia dónde debería ir. “Sigue el camino recto hasta que veas la casa donde el gigante vive. Deberás actuar de acuerdo a tu propio juicio ¡Adiós!”, concluyó, y regaló al joven con una benévola sonrisa al mismo tiempo que se esfumaba en el aire.
Jack continuó caminando hasta después del anochecer cuando, para su gran alegría, descubrió la enorme mansión. Una mujer estaba cerca de la entrada y él la abordó de inmediato rogándole que le diera una rebanada de pan y un lugar para pasar la noche. Ella se sorprendió mucho y le dijo a Jack que casi nunca se veía a un ser humano cerca de la casa, porque todos sabían que su esposo era un muy poderoso gigante que siempre que prefería, por sobre todo, la carne humana fresca.
Jack se aterrorizó al escucharla, pero aun así esperaba librarse del gigante, así que le suplicó a la mujer que lo dejara pasar sólo esa noche ahí. Finalmente se compadeció de Jack y lo llevó al interior de la casa a través de muchas y espaciosas habitaciones magníficamente amuebladas, aunque de apariencia desolada. Llegaron a una oscura galería. El pobre Jack desconfió de la mujer que lo había conducido hasta ahí, pero ella lo invitó amablemente a sentarse y le ofreció una cena abundante, así que Jack recobró la confianza. Incluso comenzaba a disfrutar el momento cuando se oyeron unos perturbadores golpes que provenían de la puerta de entrada y que hacían sacudirse a la casa entera.
“¡Ah! Ese es el gigante, y si te ve aquí te matará, y a mí también”, gritó temblando la pobre mujer. “¿Qué puedo hacer?”
“¡Escóndeme en el horno!”, le contestó Jack, sintiéndose fuerte al pensar que por fin iba a encarar al asesino de su padre. Se arrastró para entrar en el horno —que por supuesto no estaba encendido— y desde ahí escuchó el ruidoso vozarrón del gigante y sus pesados pasos acercarse hasta la cocina, en donde entró regañando a su esposa. Por fin se sentó a la mesa a devorar grandes trozos de carne mientras Jack lo espiaba a través de una rendija en el horno. Cuando terminó llamó a su esposa con voz de trueno: “¡Trae mi gallina!” Ella obedeció y en un momento regresó con una hermosa gallina que puso sobre la mesa.
“¡Pon!”, rugió el gigante, y la gallina puso de inmediato un huevo de oro sólido.
“¡Pon otro!”, repitió, y a cada vez que el gigante lo ordenaba las gallina ponía otro huevo, más grande aún que el anterior. Así estuvo un buen rato con su gallina, hasta que envió a su esposa a la cama, mientras él se quedaba dormido, recostado cerca del horno. Roncaba como un cañón rugiente.
Jack salió entonces del horno, se apoderó de la gallina y salió corriendo con ella hasta encontrarse fuera de la casa y llegar al tronco de la planta de frijol por el cual descendió a salvo.
Su madre, al verlo, estaba radiante de felicidad, pues temía que hubiera tenido un mal fin.
“Nada de eso, madre, y ¡mira!, le dijo mostrándole la gallina. “Ahora pon”, le ordenó a ésta, y la gallina obedeció y puso tantos huevos de oro como él quiso. Jack contó a su madre sus aventuras, pero tuvo buen cuidado de cumplir su promesa y no decir nada de su encuentro con el hada, ni de lo que ésta le había contado.
Una vez vendidos los huevos, tuvieron suficiente dinero y durante algunos meses vivieron felices, hasta que Jack decidió trepar otra vez para llevarse algo más de las riquezas del gigante. Su madre insistió y rogó para tratar de disuadirlo; le hizo ver en que en esta segunda ocasión debía tomar en cuenta que la esposa del gigante ya lo conocía, y que sin duda éste no querría otra cosa que atraparlo y vengarse de él dándole muerte por haber robado su gallina. Al darse cuenta que era inútil convencer a su hijo, dejó de insistir, pero decidió prepararle un disfraz, de modo que la esposa del gigante pudiera reconocerlo.
Así, unos días más tarde, Jack se levantó muy temprano, y sin que nadie pudiera percibirlo, trepó la planta por segunda vez. Llegó a la mansión del gigante al atardecer. La misma mujer estaba a la puerta de la casa, como en la ocasión anterior. Jack la abordó, le contó una historia de penurias y le pidió su ayuda para comer y beber algo, así como un lugar para pasar la noche. Ella le dijo lo mismo que la ocasión anterior acerca de su cruel esposo y sus costumbres, pero agregó que una noche había admitido en las mismas condiciones a un pobre y hambriento muchacho, que desagradecidamente había robado uno de los tesoros del gigante; desde entonces su esposo se había vuelto más cruel y la reprendía todo el tiempo por ser la causa de su infortunio. Jack se apenó, pero no reveló nada y después de mucho trabajo, logró convencerla. De la misma manera que la vez anterior lo condujo por la casa hasta la cocina, en donde después de comer y beber lo escondió en una vieja bodega hecha de maderos.
El gigante regresó como siempre, se sentó a la mesa junto al fuego y de pronto exclamó:
“Huele a carne humana!”
Ella replicó que eran los cuervos, que habían traído un pedazo de carne cruda, dejándola en el techo de la casa. Mientras ella le preparaba la cena, el gigante se ponía cada vez de peor humor y la regañaba por la pérdida de su gallina maravillosa. Tras terminar de comer gritó:
“Tráeme algo para divertirme —mi arpa, o mis bolsas de monedas”.
“¿Cuál prefieres, querido?”, preguntó ella temblorosa.
“Mis bolsas de monedas de oro, porque son más pesadas”, tronó él.
Tambaleándose por el peso excesivo, ella regresó con las bolsas, que eran dos; llenas hasta el borde de monedas de oro, y las vació sobre la mesa, mientras el gigante comenzaba a contarlas con gran satisfacción. “Ahora vete a la cama, tú, vieja tonta”, agregó, dicho lo cual ella se alejó temerosa.
Jack, desde su escondite observaba al gigante, sabiendo que se trataba del dinero de su pobre padre. El gigante, ignorante de que era observado contó todas las monedas y las regresó a las dos bolsas, que ató cuidadosamente para colocar después junto a su silla, en donde estaba echado su pequeño perro guardián para cuidarlas. Al poco rato se quedó dormido. Cuando Jack se sintió seguro salió para robar las bolsas, pero en cuanto puso sus manos sobre ellas, el perro, al cual no había descubierto, salió de debajo de la silla del gigante y comenzó a ladrar furiosamente. En vez de escapar, Jack permaneció inmóvil,; sin embargo, el gigante continuó dormido, y Jack, viendo un pedazo de carne, se lo arrojó al perro, que al instante dejó de ladrar y comenzó a comer; entonces cargó las bolsas, una sobre cada hombro, pero eran tan pesadas que le tomó dos días completos para descender llegar hasta su casa. Con las dos bolsas de oro  remodelaron su cabaña, la amueblaron y vivieron más felices que nunca antes.
Durante tres años Jack no volvió a subir otra vez, porque temía hacer con ello infeliz a su madre. Sin embargo, conforme pasaban los días, el impulso de subir era más fuerte, así que comenzó a hacer preparativos en secreto. Preparó un nuevo disfraz, mejor que el anterior, y cuando llegó el verano, se levantó en cuanto aparecieron las primeras luces del día y sin avisar, subió otra vez. Siguió el camino, como las veces anteriores, llegó a la mansión del gigante al atardecer, y de igual manera encontró a la esposa de éste cerca de la puerta. Jack se había disfrazado tan bien que ella no pareció reconocerlo en modo alguno; pero cuando suplicó ayuda pretextando pobreza, encontró mucho más difícil convencerla. Al final, sin embargo, lo logró y después de comer y beber en la cocina, como las veces anteriores, ella lo escondió en el interior de una vieja caldera. Cuando el gigante regresó exclamó con furia: “Huelo a carne humana”, pero Jack sabía que era su manera habitual de proceder y no se preocupó, pero esta vez el gigante se levantó de su sitio, y sin hacer caso de las palabras de su esposa, comenzó a buscar por todo el cuarto. Mientras sucedía esto, Jack estaba aterrorizado, pero cuando el gigante se acercó derecho a la caldera se dio por muerto. Nada sucedió, sin embargo, porque el gigante no se tomó la molestia de levantar la tapa, sino que se sentó por fin, cerca del fuego, a devorar su enorme cena y a beber abundante vino. Cuando terminó le ordenó a su esposa que le trajera su arpa. Jack espió bajo la tapa de la caldera y vio la más hermosa y fina arpa que hubiera imaginado jamás. El gigante la puso sobre la mesa y dijo: “¡Toca!”, y el arpa tocó por su propia cuenta las más exquisita música. El gigante no parecía apreciarla de manera, de modo que ésta acabó por dormirlo, aún más pronto que lo usual. En cuanto a su esposa, se había retirado a la cama tan pronto como el gigante dejó de necesitarla.
En cuanto Jack se sintió seguro, salió de la caldera y tomando el arpa corrió, pero estaba encantada por un hada, y tan pronto como se encontró en manos extrañas, empezó a gritar, tal como si estuviera viva: “¡Amo! ¡Amo!” El gigante despertó y vio a Jack huyendo tan rápido como sus piernas se lo permitían.
“¡Oh tú, villano! Tú eres quien robó mi gallina y mis bolsas de oro, y ahora quieres robar mi arpa también. Espera a que te alcance y te comeré vivo.
“¡Muy bien: inténtalo!”, gritó Jack, que no sentía ya ni una pizca de miedo, porque veía que el gigante estaba demasiado bebido para poder apenas ponerse de pie; en cambió él tenía piernas jóvenes y la conciencia despejada; así que, llegó mucho antes hasta el tronco de la planta de frijol y descendió por ella tan rápido como pudo, mientras el arpa sonaba con la más triste música, hasta que le ordenó “Detente”, y el arpa se detuvo.
En cuanto Jack llegó al suelo encontró a su madre sentada a la puerta de la cabaña, llorando en silencio. “Aquí estoy madre, no llores; sólo pásame pronto el hacha”, la urgió, porque no había tiempo que perder: veía al gigante que ya descendía por el tronco, pero era demasiado tarde. Con su hacha Jack cortó el tallo y el gigante cayó de cabeza y murió al instante. En ese momento el hada apareció y le explicó todo a la madre de Jack, rogándole que lo perdonara, pues estaba segura de que la haría feliz por el resto de sus días.